miércoles 23 de septiembre de 2009

La nouvelle cocotte


De mis humildes estudios en Sociología he aprendido que, cada cierto tiempo, la sociedad se reinventa a sí misma, para adaptarse a los cambios que sus individuos claman. Por lo general, estos cambios vienen de las estructuras más bajas, ellos son los que promueven tales reformas, y a su vez otros las van aceptando gradualmente. En algunas ocasiones ciertos bastiones de estructuras superiores pueden propulsarlos también, por lo general en menor escala.

Bien, ahora dejemos a un lado los tecnicismos catedráticos, que esto no es una clase magistral.

No sé si es que con el tiempo me he vuelto más tradicional, pero me ha llamado la atención la manera cómo la tecnología, y muchas otras herramientas, han facilitado las relaciones entre nosotros, los seres humanos. Y cuando uso el término "relaciones", meto en el saco a toda clase de estas.

Cierto día, estando en el Tolón, me llegó un mensaje bastante peculiar a mi teléfono celular. El mensaje era una nota digital, enviada vía Bluetooth, de un remitente desconocido, que simplemente decía: "Hola. Espero estés bien. Este es mi número". Y así, simplemente eso. Aquella nota, aparentemente inocente, escondía entre sus caracteres digitales mucho más. Era una invitación a conocerse, a ver "qué pasa". Aquello provenía de lo que he demominado "la nouvelle cocotte".

Si bien el término francés "cocotte" se usa para designar a las putas finas, de apariencia delicada y ultra femenina, los personajes a los que me refiero no necesariamente caen en esta categoría. Pero vamos, no es momento para ponernos a filosofar sobre eso, sobre si todos los que adoptan esa clase de comportamiento son de "delicada y fina estampa". Sin más ni menos, son simplemente putas "high tech".

Redes sociales como MySpace y Facebook han ayudado a que se propaguen esta clase de personajes. Ya las fotos no son simplemente una invitación a conocer a una persona por su personalidad. No. Bocas, pectorales, músculos varios y otra partes del cuerpo son exhibidas de manera normal. Una invitación extendida a todo aquel que decida acercarse y tocar la puerta. Es la nueva vitrina pública para todo aquel que busque lo-que-no-se-le-ha-perdido entre un montón de personajes que precísamente son eso... perdidos. Es como el Distrito Rojo de Holanda, pero sin la necesidad de estar allá.

Y no, no es que sea un santo. Para nada. Es sólo que me parece patético que una persona considere que, su mejor carta de presentación, es exponer su trasero a millones de personas. Sin mencionar los que entran, como perritos en celo (en realidad eso son) a elogiar y comentar al respecto. Si bien eso puede incrementar el ego o la autoestima de cualquiera, el trasfondo es deprimente.

Otra de las cosas que se derivan de esto es el uso de herramientas tecnológicas para fines sexuales. Me resulta patético que, un sábado en la madrugada, te lleguen al móvil fotos de un montón de infelices que estuvieron en el cuarto oscuro de cierto centro nocturno. Con poses y todo. Si exhibir sus miserias, y dejarse tomar fotos de semejantes actos es visto como un logro, pues felicitaciones.


Esto, más que un relato de los que me caracterizan, es un simple llamado de atención.

Quiéranse un poco, ustedes saben quiénes son,


Tokio


viernes 11 de septiembre de 2009

Pasado pluscuamperfecto


Tonio fue un huracán, de esos que pasan por tu vida y la destrozan por completo, al menos una vez. Después de casi un año de no hablar, no tener contacto alguno, no saber nada de él (ni él de mí), una llamada diurna alteró mis sentidos, me puso en estado de alerta, y me dejó comiéndome las uñas por nerviosismo.

Una semana y pocos días después bastaron para que, su espigada estampa adornara tierras venezolanas. Y sí, vino solo, solito, sin su adorado (ahora) esposo, lo cual causó cierta sorpresa en mí. Pero, tal como sería revelado mucho después, aquel viaje no era de esos a los vas con alguien que quieres.

Dos cafés, dos postres, un refresco y un agua mineral, desfilaron por la mesa de aquel local de Las Mercedes. Su sonrisa (damn, that smile) iluminaba todo el salón, y su destello rebotaba en mí. Por un momento me sentí en aquellos días, donde vivíamos un intenso idilio en Brasil, o por uno que otro estado de Venezuela, o en Estados Unidos. Sin embargo, la nostalgia era algo que estaba presente en aquel encuentro, pero no era su razón de ser.

Tonio: "Me siento muy apenado contigo, por cómo quedaron las cosas entre los dos, todo lo que pasó. No sé, lo he pensado mucho y creo que te debo una disculpa".
Tokio: "Honestamente no tengo nada que disculparte. Hiciste lo que debías hacer, lo más conveniente, lo que funcionaba. Si eso te ha hecho felíz, pues me alegra mucho. Eso es lo importante".
Tonio: "Ahí está el problema, y por eso vine hasta aquí... creo que no soy felíz".

Aquella revelación había dado a la conversación un cierto aire de incomodidad. Precísamente, por toda nuestra historia, los argumentos para terminar lo nuestro y lo ocurrido anteriormente (favor buscar historias previas). Inclusive, la palabra "farsa" salió de su boca en varias oraciones, para referirse a su matrimonio.

Tokio: "No sé qué es lo que quieres que te diga. Siento mucho que no seas felíz. Pensé que si me hacía a un lado todo marcharía bien entre ustedes".
Tonio: "Yo también lo pensé, pero no sé, no lo siento así".
Tokio: "¿Y qué piensas hacer entonces?".
Tonio: "No lo sé. Tengo muchas cosas en la cabeza en este momento. Pero primero, quiero recobrar lo que teníamos. Por eso he venido".

¿Convertirme en el amante de Tonio (otra vez)? Aquello no estaba entre mis prioridades. Y, aunque confieso que tener una aventura con él sería sumamente delicioso (está más bello que nunca), mi respuesta fue clara y contundente.

Tokio: "Tonio, te agradezco la propuesta, pero esto ya es tema del pasado. Tomaste un camino, una decisión, y tienes que vivir con ella. ¿Que no tienes el resultado que esperabas? Pues lo siento... mal por ti".

Cierta sonrisa de pesar afloró en su rostro, y acto seguido bajó su cabeza, en señal de pena y cierta vergüenza. Al salir del restaurant, lo acompañé al hotel y ahí lo dejé. No me quedé, ni pernocté ni nada por el estilo (aunque las ganas no faltaban).

Pasado... pisado pequeños ^^


Tokio