jueves 14 de agosto de 2008

Este desastre que llamo vida

Quisiera decir que mi vida es extremadamente fabulosa (término prostituído recientemente), vanal, caprichosa y snob. Lamentablemente no siempre lo es. Supongo que vivir en un país en vías en desarrollo (espero pronto no sea así) me incluye automáticamente en la lotería las calamidades, mala fortuna y sucesos inesperados.

Todo empezó el viernes, día aparentemente normal. Una serie de reuniones, un Nescafé, terminar las notas pautadas para ese día y listo, al mundo exterior. Mis amigos propisieron ir a Sake, yo por otro lado tenía pensado pasar tiempo de calidad con Cer*. Mensajes respectivos y, al momento de ultimar con mi chico, me dijo que se sentía algo indispuesto (malestar general o qué se yo) y que se quedaría en casa. El caso es que opté por el plan B. Me vestí y me encontré con mi equipo de la perdición en el sitio pautado... ¿La sorpresa? A los pocos minutos llegó Cer*. Pensé que haría una escena o lo llamaría para conversar del asunto. Ni pendiente, apliqué magistralmente la ley del hielo, estuve en el sitio como dos horas viendo cómo pinchaba un amigo y luego me fui a casa.

El sábado desperté con el sonido de los pájaros... sí, porque ahora tengo un nido cerca de mi ventana. Al encender el celular constaté la lluvia de mensajes de Cer* alegando una serie de cosas sin sentido. Que se sentía solo o algo así. Las prioridades cambian mi estimado, y tristemente creo que no has entendido que eres un complemento, no algo principal. Como diría Samantha: "I love you, but I love me more".

Ese día decidí ir de compras, Maquiavelic D* me acompañó a lo que fue un día delicioso entre muchas tiendas. Sí, frivolo... pero muy productivo para mi. Luego, cuando nos disponíamos a almorzar, vino otra sorpresa, alguien del pasado que se suponía estaba fuera del país estaba de regreso en Caracas, y no sólo en esta ciudad, sino que había optado por ir almorzar al mismo sitio. El momento fue súper incómodo pues no me quedó otra opción que invitarlo a la mesa. Luego de aquel momento llamó mi madre para darme una noticia nada agradable: una de mis hermanas mayores fue diagnosticada con un linfoma. Tal información me dejó sin palabras en aquel momento y sumamente pensativo en estos días.

El domingo intenté descansar, sin embargo una llamada de Cer* irrumpió en lo que hasta ese momento era un día tranquilo. Supuestamente él debíamos hablar, yo la verdad, con todas los pensamientos que asaltaban mi mente no estaba para una carga emocional adicional. Sin embargo, le dije que se acercara para hablar, si era lo que quería.

Llegó y empezamos a conversar, nos dijimos muchas cosas, soltó una serie de pensamientos que desconocía y gracias a eso me di cuenta que las cosas no estaban tan bien como pensaba. Luego de su descarga simplemente le dije una palabra: "Comunicación". Cualquiera que sea tu estado lo mejor es hablarlo, para eso compartimos un nexo emocional que se supone está por encima de muchas otras cosas. Digo. Luego del momento tan tenso no hubo ninguna solución aparente, simplemente, por ahora, las cosas están bastante tensas, aunque tienen solución.

Del resto la semana ha aguardado para mi las siguientes sorpresas:

1) Me chocaron. Saliendo del Tolón el lunes, un chicuelo como de 5 años con una camioneta enorme. El escándalo fue de proporciones bíblicas. El padre del muchacho se responsabilizó por todo y pagará los daños materiales y psicológicos.

2) Estuve de incógnito en cierta fiesta y pasaron muchas cosas interesantes... no comentaré nada al respecto. Hahaha.

3) Cy*, un amigo parisino que diseña para Christian Lacroix, viene a Caracas a visitarme... y yo montado en este Train Wreck.

4) Conocí al presidente... es HORRIBLE en TV, pero es ESPANTOSO en persona.

5) Una de mis tarjetas de débito desapareció y en mi propia casa... afortunadamente las de crédito no les dio por irse de mi lado.

6) Ara*, una muy buena amiga, perdió su bebé.


... y hoy es jueves. No quiero imaginar lo que vendrá en las próximas horas.


Tokio

sábado 9 de agosto de 2008

Oda al polaco (the badder, the better)

Te conocí en un centro comercial. Te miré, me miraste, intercambiamos números y salimos esa noche. Supe que eras caliente cuando me recibiste aquella noche, con un beso apasionado, en la entrada del local. Me tomaste la mano izquierda, la pusiste en tu nalga derecha y caminamos justos hasta aquel umbral.

Ser un hot mess se te da muy bien. Llegas tarde al trabajo y a todos lados, ingieres licor más que cualquiera que haya conocido (y he conocido mucha gente), gritas, saltas, celebras hasta el más mínimo acontecimiento con sumo aire desenfadado... y encima, romántico, jamás olvidaré cuando, luego de haberte esperado UNA HORA, apareciste con una rosa en las manos y me diste un abrazo... mucho menos olvidaré lo que me dijiste al oído.


Recorrimos las calles de Londres juntos, cuando no tenías que trabajar. Más de una vez no te importó faltar... no sé si era por mí, quiero creer que era por mí. Y le picabas el ojo a otros chicos, mientras acariciabas mi pene por uno de mis bolsillos. Creíste que no te veía, aunque a decir verdad, sé que tal cosa no te habría importado.

El sexo contigo está entre mi Top 10, en cualquiera de los sitios: en el baño del bar del jueves... o el del viernes, en aquel café, en la estación esa, en tu casa, en la azotea de aquel edificio, en la cocina, en el piso, arriba de la lavadora, montados en aquella silla, con el comodín, con el pañuelo y la soga... con tantas cosas. Te felicito.

Aquella noche en Praga fue lo máximo. Juro que me sentí como un perro sin dueño (literalmente)... pero contigo al lado el mundo no parecía tan solo. Incluso, dormir contigo en aquella plaza, luego de haber recorrido bares y comido en la calle, parecía una especie de idilio aventurero. No me arrepiento de nada y sé que tú tampoco.

Después de mucho tiempo sin saber de ti, me escribiste esto:

I am very busy lately, honestly, just quickly checking and thats it.

Sorry babe that i did not reply to u last time ;-( I am a bad boy, but you would like that... ;-)

I just got new job and i am so happy, will start next month so can't wait.


U okay?

Kisses everywhere
xxx


Nunca cambirás... y tampoco quiero que lo hagas.



Tokio

P.S: coloqué esta foto del polaco porque me pareció sumamente graciosa la escena, por eso se la tomé. Espero no se acostumbren... hahaha. Wink*


miércoles 6 de agosto de 2008

Reciclaje


En aras de nuestro progreso personal buscamos cambiar aquello que esté mal, reformar lo que se encuentre maltrecho y descartar lo que ya no sirva. El mismo principio es aplicado en cientos de países del mundo, donde materiales como el papel y el plástico pueden volver a utilizarse, así se evitan los altos grados de contaminación y, de manera conservacionista, se promueve la salvación del planeta.

Hoy en día estamos presenciando una nueva modalidad de esta práctica, característica de la sociedad moderna. Lo que antes era "in" ya no lo es, lo "neo" pasa a ser "passé" con la rapidez que Janet Jackson puede aumentar o bajar de peso. Sí, estamos ante un fenómeno que resulta cada vez más evidente en cada esquina de toda urbe que se jacte de ser cosmopolita y moderna: el reciclaje social.

Personas, estilos, moda, movimientos varios, propuestas... todo entra dentro de este proceso, con la única diferencia que, rara vez, vuelve a ser utilizado. Nuestros amigos de ayer no suelen ser los mismos de hoy (cada vez es menos frecuente conseguir esto), hoy no usas el mismo estilo que hace dos años, o mejor... que hace seis meses, además ya no frecuentas los mismos sitios una semana tras otra, por sólo mencionar algo más cercano.

Todos, dentro de este incipiente y voraz proceso de cambio, buscamos que nuestra metamorfosis sea perfecta, producto de una mixtura de elementos que tiene como principio base la simbiosis, es decir, unirnos a algo o alguien que pudiera beneficiarnos en cierto y determinado momento, para luego continuar con nuestro camino, desechar, seguir en el proceso de reciclaje. Parasitismo social.

Lo veo a cada rato e incluso, lo he practicado y he sido víctima. Cada persona tiene diferentes maneras de llevar tal acto a cabo, cada modalidad más eficiente, especializada y voráz que la anterior. ¿Cuál es el precio que hay que pagar por ser un chico del reciclaje?... sin duda, el desapego emocional. La rapidez con que se lleva a cabo tal práctica no permite crear lazos duraderos, eso llamado "amistad". Se observa más el: "Estoy contigo ahora porque coincidimos en el mismo espacio tiempo. Puede que me agrade tu compañía, me ría contigo... pero hasta ahí".

Quisiera dejar de hacer tal cosa, digo, ser un reciclador social, sin embargo no sé si pueda dejar de hacerlo. Tengo muy buenos amigos, compañeros de trabajo (algunos) y conocidos fascinantes, sin embargo, mi naturaleza inconforme me lleva a caer en esta práctica, porque a la larga, la meta es obtener una satisfacción última en todos los ámbitos de nuestra vida, incluyendo lo social... especialmente en lo social.

Siempre quiero más... más personas, más conocidos, más viajes, más placer, más dolor... más reciclaje.


Tokio

martes 5 de agosto de 2008

La Lohan saved my life last night

Ultimamente estoy en fiestas similares a la de este video. Me gustan, pero los estragos que dejan son... sólo véanlo. Y no... no voy al baño tan seguido, ni uso mi nariz como aspiradora. Pero sí, flirteo con chicos a cada rato por mera satisfacción, o los provoco con mi segunda arma de destrucción masiva: Cer*. Hay dos invitadas especiales, a ver si las consiguen. Icanteachyouhowtodoit pure style... ¿Quién viene conmigo?

Tokio


video

lunes 4 de agosto de 2008

Tentación en cuatro... ruedas

Es oficial: detesto Caracas. La gente cuadrada y absurda me enferma, el escanear personas interesantes a cada sitio que voy resulta angustiante y exhaustivo. Sin embargo, amo ciertas cosas, pocas en realidad. ¿Algo que deteste más que Caracas? Manejar, sin duda... y si juntas esos dos factores, es decir, Caracas y manejar, los resultados no son muy alentadores.

Por eso, de vez en cuando, opto los servicios de trabajadores del volante. Los taxistas caraqueños son personajes sumamente amables (no todos), conocedores, urbanistas, puedes tener por seguro que, si resultas ganador en la lotería del transporte pago unigénito, podrás obtener desde buenas historias hasta un caramelo u chocolate. Todo depende.

En una de esas noches de rumba infitiva y autodestructiva, hace más o menos un año, me topé con un tipo de unos 28 años, alto, blanco bronceado, delgado sí, pero de un físico precioso, parecía griego, no sé: "Épale pana, para dónde vas... ¿Te llevo?". Sobresalto. Por un momento pensé que era alguien tratando de coquetear conmigo ¿Podría ser? Luego vino lo lógico... un ladrón. Ay, pero con ladrones así provoca, hahaha.

Luego de hacer algunas preguntas dejé que el tipo me llevara. Y sí, era una taxista, de una especie diferente. Después de mucho conversar (algunas partes no las recuerdo bien) llegué a mi destino, la pagué y, desafortunadamente llegó el final nuestro recorrido nocturno... al menos por ese día.

A la semana siguiente salí del Tolón, había ido en carro pero, de tanto tomar, no creí aconsejable irme a casa manejando... digo, estaba en plan accident-waiting-to-happen, por tal motivo decidí bajar y tomar un taxi hasta mi hogar. ¿Mi sorpresa? El mismo taxista que me había llevado la semana anterior. Al verme dejó ver una sonrisa pícara, casi macabra, maquiavélica, alcanzó a decir: "Épale chamo... ¿vas a tu casa?", "Sí - le contesté-, voy a casa, traje el carro pero así no puedo manejar". "Tranquilo vale, yo te llevo, móntate", dijo el señor chofer.

Aún en mi estado alcancé a tener una conversación amena con el tipo, tanto así que me dijo su nombre: Costas. Sus historias me hicieron reír mucho y debo confesar que por algún motivo el trayecto a casa se hizo algo más largo que de costumbre, ¿por lo entretenido? No lo sé. Muy gracioso, amable, buen conversador y encima bello... ¿Qué más se puede pedir de un acompañante?

Varias han sido las veces que hemos coincidido en sitios, ambos en plan de fiesta. Pocas han sido las ocasiones que que requerido de sus servicios y no ha podido, incluso, en cierta oportunidad fue a buscarme al CSI en un cuadro gripal severo, habiendo salido de su casa mientras descansaba. En esa oportunidad me confundí mucho, pues no pude evitar pensar: ¿Será que Costas me está enviando señales y no me estoy dando cuenta?

Tanto ha aumentado nuestro nivel de confianza que en varias ocasiones me ha contado algunas de sus intimidades, las mujeres con las que ha estado... todo con lujo de detalle. Se podrán imaginar lo incómodo que puede llegar a ser tal situación. Pero bueno, todo sea por escuchar a semejante prospecto. La tarea era fácil: simplemente asentir con la cabeza, de vez en cuando emitir un gesto de asombro y manifestar alguna risa o comentario hilarante.

Nos hemos hecho tan amigos que en cierta ocasión me tocó ser su salvador, es decir, Costas, en su alto estado etílico solicitó mi ayuda. Obvio, como persona altruista y paladín de aquellos que se encuentran en desgracia, no podía dejar a mi taxista a la intemperie, propiciando que saliera al día siguiente en alguna página de sucesos. Jamás.

El grado de amistad, confianza y complicidad ha aumentado mucho desde febrero hacia acá. He requerido en muchas ocasiones de sus servicios y ha respondido con suma rapidez y eficiencia, para colmo, debo confesar que me encanta ese aire tosco que posee, así, tipo diamante en bruto.

Hace tres meses (aproximadamente), claramente abatido por el desamor y (supuestamente) harto de las mujeres, dejó ver que quería probar nuevas opciones, abrirse nuevos caminos, por lo que no descartaba probar el sexo con otros hombres. Claramente vi la oportunidad de decirle que, efectivamente, tenía cierto conocimiento de tal práctica y que no era nada complicado, al contrario, tal actividad dejaba muchas satisfacciones. Se mostró interesado, algo confundido y pensativo, pero interesado. Luego de llevarme a casa nos dimos la mano aquella noche pero esta vez fue diferente, su mirada (seguida de un escrutinio sumamente libidinoso) me puso nervioso. Sí, Tokio se había puesto nervioso por la mirada de aquel personaje... no parecen cosas mías.

Creo que me falta mencionar algo... un pequeño elemento que surgió desde aquella ocasión, de aquella mirada: su alto grado de morbosidad. Hace como un mes, al recogerme de la oficina, estábamos en una cola de esas infernales que se forman entre las 6:30 y las 7 PM. Mientras esperábamos Costas se estiró en el auto, al subirse su franela dejó ver un caminito de vellos ligeramente crecidos en su abdomen. Estaba en peligro y siendo tentado. Al darse cuenta y al ver mi nerviosismo empezó a tocarse la entrepierna, rascándose, manoseando su pantalón. Acto seguido abrió la boca y dijo: "Ver... Tokio, me pica mucho el 'amigo'... ¿será que me lo rascas?... ¿Con la boca?" Mi nivel de asombro se había elevado al máximo. Él, al ver tal cosa, enseguida se puso a reír y dijo: "Ahhhhh, te asustaste... tranquilo vale, es broma".

Broma o no, desde aquella ocasión Costas me ha provocado de las formas más ingeniosas y perversas. Sonríe, deja ver partes de su cuerpo, se burla, tienta... sabe lo que tiene y no duda en usarlo. Y yo, Tokio, huyo siempre por el flanco que esté más próximo, precísamente, por aquello que dice: "... no nos dejes caer en la tentación". Costas es precísamente eso... tentación... de esa en la que provoca caer, sin pensar mucho.


Tokio


* Los nombres de este relato fueron modificados para proteger la identidad de los protagonistas.