jueves 31 de julio de 2008

Sobredosis

"Los que no saben besar, no saben de lo que se pierden"
Tomima Edmark


Nunca desestimes el poder que posee un beso, hacerlo sería caer en craso error. Esa manifestación de afecto, por demás expresiva y variopinta, es una de las que nos diferencia como seres humanos, seres pensantes en búsqueda del bienestar, la satisfacción y el placer.

He probado muchos, buenos y malos (desgraciadamente). No me considero un experto en la materia, pero, reconozco un buen beso cuando me lo dan, presencio o veo en TV. Probar y practicar me ha ayudado a establecer comparaciones. Cer* sabe besar, gracias a eso podemos pasar horas en ese "plan", explorando y degustando el uno del otro.

Pero... ¿qué sucede cuando, la persona objeto de tu afecto, no sabe manifestarlo así... con un beso? Hecatombe, cataclismo, horror.

Hace algunos años llegó alguien a mi vida sumamente interesante, hermoso de cuerpo y alma... lo que muchos llamarían un ser de luz integral. Sus demostraciones de afecto por demás ingeniosas me tenían en las nubes, su respeto y admiración eran dignos de todo un caballero, de un príncipe, uno de esos que ya no existen (casi). Mes y medio saliendo y, dentro de todo aquel proceso de cortejo, de cumplidos extremos a diarios se me había pasado un pequeño detalle: jamás le había un beso. Error garrafal.

No sé si era por mis múltiples ocupaciones estudiantiles o su incipiente trabajo como creativo en cierta agencia publicitaria. Lo cierto es que, aquello jamás había sucedido. Yo, iniciando una nueva fase en mi vida (supuestamente), intentaba no forzar situaciones, es decir, dejar que todo siguiera su curso. Tomando ese principio, simplemente aquello del beso no había sucedido aún.

Cierta noche, luego de una agradable cena con vino, velas y demás parafernalia romántica, llegó el momento tan ansiado. Ese acercamiento íntimo, esa expresión de afecto. Recuerdo que esa mañana había leído que la reacción química producto de un beso (uno bueno) era tan fuerte que producía una sensación similar a consumir anfetaminas o, incluso, podía causar desmayos. Llegado el beso, durante y al terminar el mismo me quedaron varias interrogantes... ¿Quién se llevó mis anfetas? ¿Dónde está mi desmayo?... ¿Y mi sobredosis?

Era evidente mi desconcierto, se suponía que debía estar extasiado, absorto en un universo dual de lujuria. No fue así. Había mucho afecto, sí, cariño y deseo, también, pero si no sabes besar pequeño saltamontes, ¿cómo puedo confiar que serás bueno en el resto de tus artes?

Salí de aquel sitio casi despavorido pero con una sonrisa disimulada. Mi acompañante manifestó: "Espero volverte a ver pronto"... Yo fui por demás hipócrita: "Yo también cielo" (traducción: that's not gonna happen).

Desde entonces me he vuelto más... digamos... selectivo. Me dedico a catar primero, no dejo pasar tanto tiempo, que el torrente de emociones me cegue y, por encima de todo, casi que beso en la primera cita, o mejor dicho, desde que pasan por mi o paso por alguien (hahaha).

Puede que sea una evidente demostración de que me he vuelto más tórrido, libidinoso o simplemente estoy un poco desesperado, sin embargo, la triste realidad no es que hay besar muchos sapos para encontrar el que por fin se transformará en el tan añorado príncipe azul... NO... Si me preguntan, creo que hay que besar muchos sapos para, por fin, encontrar uno que bese bien. Lo demás es ganancia.


Tokio

PS:
se reservan los derechos de autor. No tengo nada que ver con Eddie Santiago.

miércoles 30 de julio de 2008

Lo que me da la gana


Es cierto... la naturaleza de mi blog no es de moda, tendencias, harakiri emocional ni nada por el estilo. Es cierto... no soy la panacea de los desposeídos del estilo, no soy de Neón (ni me volví), no carezco de sentido común y mucho menos pretendo ser Uncle Karl (Lagerfeld). Es cierto... muchos me odian, me aman o simplemente me... Es cierto... quiero vivir fuera de aquí, de allá, del más allá, de la luna o del sol y creer que tengo bondad, aunque el Facebook diga que mi nivel de maldad me ha asegurado un Penthouse en el infierno.

Es cierto... no creo en ti y probablemente en nadie, hago mis propias reglas. Te hago el amor todos los días, las tardes y las noches... en la piel, en el cerebro, en donde quieras. Me porto mal y te encanta. Es cierto... sólo voy contigo si me pides permiso, sólo así. Es cuando YO diga, no cuando quieras. Es así y no de otra manera. Es azul, no verde ni gris. Eres mío y de nadie más... porque soy posesivo y territorial.

Es cierto... soy Tokio, el de hace años, el de hace meses, el de hace días. Tan distinto, tan de siempre. El que te deja amor etereo, al que le gusta que le acaricies el ego, el del segundo y primer lugar, el de las colas, el del Audi plateado, el de las fiestas decadentes, el bebedor social, el que probablemente te besó, el que te buceaste en aquella fiesta... o te picó el ojo. El de los cuartos oscuros y los baños claros, el de la barra libre y las niñas whore, el que te dijo que no y después que sí (con diez copas encima),


Es cierto... soy Tokio, el que escribe aquí y no en otro lado, el anarquista e inspirador, el que hace pasarela masculina por el CSI, el que te toma fotos sin que te enteres, el que te saca la lengua en el metro, el que come empanadas en La Castellana y compra revistas en el mismo kiosko de Las Mercedes desde hace 5 años. Soy yo, el único, el inigualable, concentrado, el de envase de tres litros para consumir como prefieras.

Y como aquí se hace lo que yo digo, lo que quiero y lo que me provoca, hoy, por ser hoy, proclamo que es el día de los mocasines púrpura. Dignos de la realeza, dignos de alguien con estilo, gracia y sofisticación. Dignos de... Tokio.




Atrévete a decir que sí... no es una opción.



Tokio

martes 29 de julio de 2008

El día que Tokio conoció a Tokio (encuentro de titanes)

Episodio 4: La despedida más dulce


Una vez listos y arreglados había llegado la hora de salir. Esto de tener citas y ser caballero de compañía High Class estaba derivando en fuertes dividendos. Brut* y yo nos dirigimos a una de las zonas más pudientes de Tokio: Roppongi. Ahí decidimos entrar a varios locales pequeños donde pudimos conversar largo y tendido de cosas varias... digo, porque dentro de todo lo buen conversador que puedo ser encima el "trabajo" lo ameritaba.

Pasadas las 12 de la noche decidimos "ensuciar" un poco la ciudad (hahaha), salimos de aquel bar (cuyo nombre no recuerdo... ya tenía dos botellas de vino encima) y empezamos a besarnos y tocarnos por cuando rincón conseguíamos, él desabrochaba mi pantalón, yo el suyo y así íbamos, amantes furtivos por las calles de Tokio. Él estaba tan HORNY que propuso devolvernos al hotel... o, en su defecto, tener sexo en uno de los tantos rincones oscuros que la ciudad ofrece, pero yo quería seguir de fiesta... digo, era mi última noche en Tokio.

Abordamos el taxi de un chico bastante joven, mismo que no se inmutó ante nuestras demostraciones perversas de afecto... si me preguntan creo que hasta lo estaba disfrutando. Su sonrisa picarezca lo delataba, haciendo que la experiencia sobre ruedas fuera más que deliciosa. Llegamos a un club cercano a Ginza con una entrada bastante solitaria, de hecho, todo el entorno lo estaba... de no ser por una pequeña placa de metal plateado con una inscripción en japonés y la letra Q pensaría que aquello era un centro ilegal de apuestas.

Bajamos las escaleras, no podía ver bien a causa de las luces rojas que titilaban, mismas que dejaban ver sombras de vez en cuando, cuerpos moviéndose de manera rápida, asumo. Al final de un pasillo había un portero, mismo que cuando vio a Brut*subió y bajó la cabeza de manera rápida, como diciendo: "What's up?"... acto seguido abrió la puerta.

Resultaba ser que aquello, lejos ser un centro ilegal de apuestas, era todo lo contrario: un súper club privado. No vale la pena desbribir la decoración, era sumamente alucinante, con toques clásicos en ciertas partes pero a la vez muy modernos. Mucho blanco, plata, dorado, púrpura, naranja... colores varios. La gente preciosa, el dueño precioso... todos preciosos... y sí, era un club privado gay.

En aquel recinto donde las miradas están prohibidas y los teléfonos celulares también (porque no se permiten cámaras de ningún tipo) se alternaba lo mejor de la sociedad tokiota y sus alrededores. Artistas de cine y televisión, modelos y socialité varios, todos regados a lo largo del local. Brut* (que había demostrado ser asiduo al local) me indicaba quiénes eran los asistentes, nombres que se esfumaban entre el ruido y lo difícil de la pronunciación... además, la comprensión de un idioma extranjero se reduce cuando tienes muchísimos tragos encima.

Eran poco más de las 3 cuando el ambiente se empezó a tornar algo extraño, pero sumamente familiar: ambiente de sexo. Miradas lascivas, furtivas, transgresoras, porno. En ese momento pusieron música suave, tipo Chill Out, los besos de algunos de los asistentes aderezaron aquel ambiente de manera picante y fogosa, cosa que no me extrañaba en lo absoluto, pues desde que entré al local había gente besándose. Sin embargo, cuando noté que varios se despojaron de sus camisas y algunos de sus pantalones y/o prendas varias mi nivel de sorpresa aumentó.

Sí, estaba en medio de lo que se conoce como una Fuck Party. La ecuación es simple: juntas muchas personas bellas en un mismo local de sexualidad abierta, muchos tragos, música (e incluso drogas) y... cualquier cosa puede suceder. Lo admito, me congelé por un momento. No supe cómo reaccionar, digo, soy del tipo de personas que me programo rápido, pero cuando me dan toda la información completa, es decir, de haberme dicho que aquello se iba a tornar en una Fuck Party, bien, pero sorpresas de este tipo no resultan muy agradables, por mucha gente bella que habite en un local.

Intenté refugiarme en el baño, sin embargo, en aquel espacio también había acción (y de la buena). Gemidos por todos lados, sudor, caricias y extremidades varias levitando y danzando por todo el local. No sé si fue por haber tomado tanto, pero tuve que salir de aquel recinto. Una vez afuera, practicamente solo, me puse a ver a las pocas personas que caminaban por la calle agarradas de la mano o conversando de manera amena y sentí algo de nostalgia, bien sea de aquello que no tenía o me hacía falta. No lo sé con precisión. Pasados pocos minutos Brut* salió, se sentó a mi lado y posó su cabeza sobre mi hombro... así estuvimos por un buen rato hasta que decidimos marcharnos.

Camino al hotel el sol empezaba a salir, el sexo había quedado cancelado por alguna razón. No dijimos mucho, simplemente nos acostamos a dormir un rato, abrazados. Supongo que había sido suficiente todo lo acurrido horas antes.

Me despertó un beso muy tierno de Brut*, recordándome que debía abordar el avión. Horror. Tuve que volar practicamente por toda la habitación, arreglando mis cosas y organizando todo. Entré en la página de mi banco para verificar y, efectivamente, la transferencia de mi madre ya se había hecho efectiva. Suspiro hondo. Acto seguido me dirigía con Brut* al aeropuerto.

Una vez allí me dispuse a hacer lo que no había hecho en todo el viaje: comprar regalos. Pensé en tomar parte del dinero que había ganado para tal fin, sin embargo Brut* pagó todo, obsequios para amigos, mis hermanas y madre. Cuando llegó la hora de partir mi contratante manifestó que le gustaría mucho volverme a ver y que se había sentido sumamente a gusto conmigo. Por mi parte, le hice saber lo mismo. Sin decir mucho, pues en aquel momento sobraban las palabras. Acto seguido intercambiamos números, direcciones de correo y todo nexo que permitiera mantener contacto, tomé mi iPod, lo saludé por última vez y abordé el avión rumbo a París, para luego retornar a casa.


Tokio



lunes 21 de julio de 2008

El día que Tokio conoció a Tokio (encuentro de titanes)

Episodio 3: El caballero


No recuerdo cuántas cuadras caminé, sólo sé que fueron muchas. Estuve en el parque Ueno por unos minutos, pensando en lo que sería mi suerte, intentando vislumbrar todo aquello, lo que debía hacer y las posibilidades que tenía dentro de aquel predicamento. Arriesgando, tomé el metro en Ayase hasta Iidabashi, una zona bastante concurrida en la que podría buscar un sitio donde pasar la noche.

La búsqueda resultó más intensa de lo que pensé, muchos hoteles pequeños y albergues estaban totalmente copados. A punto de empezar a llorar, en Kojimachi, encontré uno de los famosos "hoteles capsula". Es una de las experiencias más horribles que he tenido en mi vida. Sentía que no podía respirar y confieso que en realidad sólo puse descansar mientras miraba al techo (que estaba a 20 centímetros de mi rostro), ¿dormir? en lo absoluto.

Al día siguiente realicé una llamada a mi madre, otra vez, para estar al tanto de mi destino. La transferencia a mi cuenta tardaría un poco más de lo esperado. Ahí, en Tokio, totalmente solo y con unos pocos dólares en mi bolsillo, hice lo que cualquier muchacho con una cámara digital, poco sentido común y buen cuerpo haría: hacer las veces de "caballero de compañía".

Afortunadamente, mi perfil en Gay.com había estado activo desde hace muchos años. ¿La locación de tal sesión? El baño de un Mc Donald's. Después de haber tomado las fotos respectivas y una vez colgadas, sólo hizo falta entrar a la sala de Tokio y esperar un poco. Algo más de 30 minutos más tarde ya tenía mi primer "cliente", un ruso que se encontraba en la ciudad por negocios.

A las 7 de la noche era el encuentro con el mencionado señor. Sólo conocía un poco de su aspecto (debido a las fotos) y sabía que tenía 37 años. Hice mi mejor esfuerzo para lucir como de "un millón de dólares" dentro de toda aquella situación. Llegada la hora, en la Laguna Shinobazu, Brut* hizo su aparición. Debo confesar que se veía mejor en persona.

Dentro de lo especificado, dejé bien claro que el encuentro debía ser especie cita, es decir, tenía que incluir cena, paseo y después, dejar que la noche nos llevara (I'm smart or what?). Luego de la cena, un paseo agradable y dos botellas de Sake, nos encontrábamos en el hotel New Otani teniendo sexo salvaje y duro, sudando a más no poder... Debo acotar que el encuentro superó mis expectativas, hahaha.

Despertar en aquella habitación fue una de las mejores cosas que me había sucedido a lo largo de mi estadía en aquella ciudad, sin mencionar que tuve buen sexo y encima me pagaron por ello. Brut* amaneció sonriente, ligero (hahaha), sin mencionar que se comportó sumamente agradable, dulce y fue extremadamente gracioso. Eran las 8 de la mañana cuando supuse que era el momento de partir, mientras tomaba una ducha el señor en cuestión decidió que era mejor ahorrar agua (hahaha) y durante una agradable sesión de juegos en el baño (cortesía de la casa), me preguntó si quería pasar la noche con él otra vez. Pensé que era lo mejor, además, no la estaba pasando mal.

Brut* se fue a trabajar, me pagó e incluso me dio algo "extra" para que saliera a recorrer la ciudad por mi cuenta (aquí es donde mi historia se asemeja a "Mujer Bonita", hahaha). Al salir del hotel supuse que sería conveniente que, ahora que tenía dinero, debía hacer lo que no había podido hacer el resto de los días. Decidí salir del centro y tomar el metro hasta Ueno, mismo que me permitiría llegar a lo que, a mi parecer, es el paraíso de toda persona que guste de la tecnología: Akihabara. Los precios no son sumamente económicos, pero lo bueno es que algo que no es "lo más nuevo" acá parecería sacado de Los Supersónicos.

La ruta obligada estuvo marcada por la Universidad de Tokio (alucinante), el Jardín Okuma, el mercado de pescado (no sé por qué lo visité, pero bueno, lo hice, hahaha) y la Torre de Tokio. Posteriormente me dirigí a lo que vendría a ser el "paraíso fashionista": Harajuku. Me quedé en la estación de Shinjuku y caminé todo ese pedazo. Pensé que era algo más... grande, pero es una calle donde varios jóvenes se agrupan después de clases a "ver pasar el tiempo". Aquí tuve contacto con las niñas de mis sueños: las colegialas japonesas. Con sus faldas cortas, mirada "inocente" y el característico uniforme escolar. Lo más.

Sin darme cuenta, el tiempo pasó volando. Debía regresar al hotel, pues quería que Brut* me encontrase listo y dispuesto para otra cita. De nuevo al centro en hora pico (6 PM)... mala idea. Una hora y media más tarde llegué a mi destino, Brut* ya había llegado y se encontraba esperándome. Luego de otra ducha acompañado (esta sí estaba incluída en la cuenta, hahaha) estábamos listos para salir de nuevo.

Continuará...


Tokio

P.S: la última entrega no tardará tanto. Kiss*

martes 15 de julio de 2008

El día que Tokio conoció a Tokio (encuentro de titanes)

Episodio 2: Desamparado


Akira tenía bien pensado lo que quería, digo, algo así como cobrarme la estadía en su casa. Al entrar él a la ducha intenté salirme, en eso interpuso su cuerpo entre la puerta. Lancé una mirada de desaprobación y además, como soy más alto, no le quedó de otra que ceder y me dejó salir.

Mi primer destino aquel día era el palacio imperial, que gracias a Dios estaba muy cerca de Ginza. Con Pablo y Omar recorrí gran parte de la ciudad y afortunadamente es agradable caminar por ciertos lugares de esta megalópolis. Me tocaría efrentarme a otra realidad urbana atroz: el metro. De nuevo, cualquier comparación con Caracas resultaría absurda. El metro de Tokio es algo así como una lata de sardinas, imaginen meter a toda la gente que entra en el Estadio Universitario de la UCV en una caja de zapatos... hahaha, bueno, estoy exagerando, pero es algo así.

El asunto es que hay hasta acomodadores que, muy educadamente (eso sí), te indican cómo debes pararte para que tu viaje pueda ser lo más placentero posible (de hecho, el viaje es nada placentero). Debo acotar que casi nadie habla, todo el mundo esta absorto en su celular (aquí sí es posible usarlo), los libros de manga o haciendo cualquier otra cosa que amerite silencio. Es más, si hablas o llegar a reír, te observan raro.

Luego del palacio imperial está Ginza, zona exclusiva por demás, debido a que agrupa muchas de las marcas de grandes diseñadores, es como una especie de Rodeo Drive o Quinta Avenida pero imagínenla con mucha gente, siempre con mucha más gente. Debo confesar que es una delicia comer en los puestos artesanales que hay en algunos de estos barrios (ese es otro detalle, los barrios de allá no son nada parecidos a lo que conocemos como barrio acá), pues sirven comida a precios accesibles. Otro de los detalles es que, mientras se come algún tipo de sopa, es de mala educación no sorberla... yuk!

Pero como no escribo esto para dar clases de etiqueta japonesa, a lo que nos concierne chicos. La vida nocturna en Tokio es sumamente agitada, de hecho, hay clubs que abren las 24 horas y los mismos están regados por toda la ciudad. Cerca de la estación de Shibuya entré a uno de los más pintorescos, era un bar/restaurant que parecía una cárcel. Mientras degustas de la comida lo haces con la reja de tu "celda" totalmente cerrada. No apto para personas que sufran de alguna fobia.

Otro de los sitios que recorrimos esa noche es una disco llamada "Insane" y como su nombre lo dice la decoración es como si fuera un asilo para enfermos mentales, las paredes son acolchadas y si lo deseas, por una módica suma de dinero, pueden ponerte una genuina camisa de fuerza para que disfrutes toda la experiencia. Lo mejor de todo es ver algunos nativos de la ciudad (y uno que otro turista) bailando techno y con camisa de fuerza puesta y todo.

Al segundo día en la noche asistimos a un lugar llamado "The Room", era algo así como una especie de bar extraño donde te atendían unas enfermeras tipo Silent Hill, los tragos eran servidos en bolsas de suero y debías succionarlos por una pequeña manguera. Súper loca la cosa, hahaha. Pero mi noche sería empañada (un poco) cuando asistimos a cierto bar de ambiente en Roppongi. Cuando entré con mis acompañantes inmediatamente nos situamos en la barra, a los pocos minutos el bartender nos indicó que, por favor, debíamos ubicarnos en la esquina del local, pues ése era el lugar destinado para Gaijin's (extranjeros)... vaya, qué manera tan amable de ser racista. Después de mi respectivo numerito, decidimos salir de aquel sitio.

La noche en Tokio es sumamente colorida, llena de luces por todos lados y espectáculos de calle. Debo acotar en la ciudad practicamente no existe delincuencia, por lo que puedes amanecer perfectamente en cualquier plaza o en la calle y seguirás con todas tus pertenencias.

Por otro lado, Akira continuó con sus intentos por crear una situación que terminara en sexo. Pero eso no iba a pasar, al menos no porque yo lo quisiera así. Cuando comíamos me rozaba la pierna o me miraba extraño, era sumamente incómodo estar de huésped y sentirme así, como que debía retribuirle algo. No es que el tipo fuera feo ni nada por el estilo, sino que esta fue una de esas raras ocasiones donde tuve un ataque de principios morales.

Al tercer día fuimos, entre otros sitios, al museo de la guerra y algunos templos. Son muchos los lugares turísticos donde, para entrar, debes cancelar entrada y demás está decir que estas no son muy económicas que digamos, mis arcas se encontraban diezmadas considerablemente. Me vi obligado a hacer una llamada a casa y decirle a mi madre lo que estaba sucediendo, misma que accedió a liberar dinero de la tarjeta, aunque debía esperar un día para tal cosa.

La noche del tercer día, mientras veía TV solo en la sala, Pablo y Omar decidieron iniciar una sesión amorosa en su habitación, los ruidos alborotaron todo alrededor, incluyendo a Akira. Este niño decidió salir y buscar lo que no se le había perdido mediante miradas lascivas e insinuantes. Tuve que ser directo y lo más franco posible, pues al parecer no había captado el mensaje. "That's not gonna happen", dije con firmeza. Aquella frase cambió por completo el semblante de Akira, acto seguido se dedicó a despotricar en japonés y, cuando me percaté, colocó mi mochila en la puerta de la casa y me dijo que esperaba que saliera de su casa lo antes posible. Yo, Tokio Japón, por demás orgulloso, me dispuse a recoger algunas cosas que estaban aún en la casa. Debido al alboroto Pablo y Omar salieron de su habitación, intentaron mediar con Akira pero no consiguieron disuadirlo. Me disculpé con ambos, me despedí y decidí salir de aquella casa en Shinato Ku. Eran más o menos las 10 de la noche.

Continuará...


Tokio


jueves 10 de julio de 2008

El día que Tokio conoció a Tokio (encuentro de titanes)

Episodio 1: ¿Qué es esto?


Antes de salir del país el viaje vaticinaba ser toda una aventura traicionera, filas interminables, rezar porque me tocara un compañero de viaje amable y medianamente buceable, que la aeromosa no fuera una perra, en fin, las reglas de costumbre. Al abordar me daría cuenta del peor error que puede cometer un viajero: Había olvidado cargar el iPod. A los 20 minutos de encenderlo el aparato pasó a mejor vida. Mi único consuelo serían un Rivotril y un Valium. A dormir hasta París.

Llegada a París. El vuelo a Tokio tiene dos horas de retraso. Tengo frió, sed, hambre, sueño, letargo, ganas de ir al baño y ya sufro la descompensación por el cambio de hora y clima. ¡Demonios!, soy un conejo del trópico. Avisto un ejemplar a las 3 y 15, alto, blanco como el papel, parece alemán, pero tiene pinta de bolsa. No, debe ser holandés, de por allá abajo. Uy... ¿Y ese quién es? Rayos, lo espanté con mi mirada de sueño. Rastreo un Nescafé hasta que lo consigo, igual no me quita el frío, pero estoy más despierto. El avión llega, todos aborden por la puerta 5. Mi suerte empieza a brillar, una pareja (gay) de España se sienta cerca, la conversación es inevitable.

El aeropuerto de Narita es un lugar intrincado. Pensé que Barajas era una estación grande, pero no, una vez más estaba equivocado, aquello parecía una central de hormigas, todos marchando con destino prefijado. Y ahí estaba yo, disimulando el poema en mi rostro al ver todos aquellos símbolos ininteligibles. Sólo identificada algunos caracteres, los dibujos universales para el baño y el restaurante (en la planta baja). En eso escucho una voz celestial: "Hola chico, ¿necesitáis ayuda?". Mis vecinos de vuelo se habían ofrecido a ayudarme, Dios los bendiga y el otro (ustedes-saben-quién) permita que se acerquen más.

La distancia del aeropuerto a la ciudad como tal no es tan larga, pero sí tumultuosa. Pensaba que el tráfico de Caracas era espantoso, pues no, mi comparación con todo país en vías de desarrollo resultaría infructuosa al tratar de explicar los fenómenos sociales que presenciaría. "¿Es la primera vez que vienes a Japón?", pregunta Pablo (nombre para efectos de este relato), el más joven del dueto. "¿Se nota?" -respondo irónicamente- "Pues un poco tío, pero no os preocupéis, que aquí perderse es divino, no sabéis lo que puedes encontrar". Esa frase quedaría en mi cabeza y sería la firma de aquella experiencia.

"¿Y dónde te quedas?" preguntó Omar - el señor de la dupla- "Voy a buscar donde quedarme, vine de mochilero", contesté sin mayor reparo. "¡Anda!, pero mejor te suicidáis de una vez, aquí conseguir hospedaje es infernal. Venga, si quieres puedes venirte y te quedas donde nosotros, no creo que haya problema", intervino Pablo. El tráfico infernal no nos permitió avanzar más, por lo que había que caminar hasta nuestro destino. Bajamos del taxi y nos enrumbamos hacia Meguro, específicamente a Shinato-Ku, fueron las diez cuadras más emocionantes de toda mi vida, la fusión entre los elementos antiguos y lo nuevo, los olores... hasta la basura es diferente. Eso sí, los rostros parecen ser en serie, tipo fotocopia, excepto por los turistas.

Llegué con mis acompañantes a un edificio donde se encontraba nuestro anfitrión, Akira, personaje algo arrogante de rasgos mestizos (y con gustos excéntricos). No vio con buenos ojos el que sus amigos llegaran con alguien extraño, tampoco resultó ser muy hospitalario, sin embargo pude quedarme al menos por tres días (de los seis que duró mi estadía en Tokio). Una vez arreglado el pequeño problema de dónde pasar la noche, que comience el juego señores.


Tokio no es como Tokio


Aquella ciudad de hermosos contrastes, anime, manga, obsesión por lo perfecto y tecnología desmesurada (aquí sí no puedo quejarme) se derrumbaría ante mis ojos por un pequeño gran detalle: el racismo. Sí, el Tokio de Lost in Translation es más falso que un billete de 250 Bs.F, gran número de los japoneses son eminentemente racistas, sin reparo alguno, cosa que comprobaría con una piedra estampada en mi espalda, numerosas miradas inquisidoras y la palabra Gaijin (algo así como extranjero, pero en tono despectivo). Nada de eso importó, buscaba pasarla bien y vivir al máximo aquella experiencia, aunque los amarillos prefiriesen el amarillo en lugar del blanco bronceado.


En ese primer día la realidad me golpearía de tantas maneras y en diferentes formas que era difícil saber cuál sería el siguiente sortilegio. Lo comprobé cuando quise comprar un Nescafé que al cambio costaba unos 19 Bs.F, ¿Qué? ¿Tanto dinero por algo que consumo en siete sorbos? Resolvería comprar un Red Bull, más caro (25 Bs.F) pero al menos me daba energía. En eso se basaría mi dieta en los próximos días, bebidas energéticas, caramelos, galletas y cosas que pude sacar de las máquinas expendedoras (con un truco que aprendí). En Tokio la comida es astronómicamente cara (de hecho todo lo es), sólo me senté en un restaurante como en siete ocasiones (cinco fueron invitaciones).

Luego de dar ese paseo de reconocimiento regresamos a casa, habiendo avistado algunos lugares e intentando aprender cómo moverme. Si quería desplazarme como lo hacía en Caracas estaba perdido, Tokio me comería vivo y terminaría tirado en alguna plaza pidiendo monedas (estuve muy cerca de llegar hasta ese punto). Una vez bajo techo ajeno me dispuse a tomar un baño rápido (resulta que el agua en el apartamento estaba cronometrada, tenía tres minutos), para mi sorpresa al cerrar la puerta el dueño estaba dentro del baño sin intención alguna de salirse, aquel asiático quería cobrarme la estadía.

Continuará...

Tokio

PS: hoy blogger me detesta ¿Se dieron cuenta?

domingo 6 de julio de 2008

Sex and the City

El día de ayer estuvo plagado de emociones y sensaciones, la más relevante de ellas: mi querido amigo (ex-pareja) Max, quien vive en Nueva York, me envió una copia en DVD de Sex and the City la película, misma que llegó el sábado en la mañana. Así que, más rápido que inmediatamente, me dispuse a anunciar el evento en Facebook.

Envié las invitaciones (a las personas respectivas) como a las 10 AM... cabe destacar que a las 3 PM habían 50 personas confirmadas para asistir, es decir, ¿en dónde iba a entrar tanta gente en la sala de mi apartamento? Digo, porque dentro de unas horas más, probablemente, la cuenta pasaría las 100 personas.

Afortunadamente no fue así. Sólo vinieron a la cita los más cercanos y uno que otro personaje que decidió aparecer, sin mayor relevancia alguna. Pero en lo que respecta a este post... el asunto no es las personas que asistieron o dejaron de hacerlo, sino la película como suceso y lo que se desprendió de ella.

Para los seguidores de la serie es bien sabido que Carrie y Big rompían y volvían con una rapidez extrema. Nadie que conozca ha pasado por eso o podido aguantar aquello. Sin mencionar el resto de los personajes, cada uno con una construcción particular, vale la pena mencionar los hechos que adornan la serie de eventos que ellos han de llamar "vida".

El vestuario: genial, el argumento: fresco, la línea narrativa: convincente... entre otros detalles que, cuando la vean, podrán considerar a su gusto y preferencia. En otro tiempo me daba golpes de pecho al decir: "Cooooooooo... ese Big es un desgraciado", lanzando improperios ante alguien que, si bien no es real, podría adoptar la forma de cualquier amante, novi@, espos@, por sólo mencionar algunos de los "estatus" que una relación puede adoptar. Hoy en día pienso que, todo aquel proceso, fue necesario.

¿Y Carrie? Cualquier mortal en esta tierra puede sentirse identificado con su sufrimiento, en especial porque cuando por fin creía haber alcanzado el pináculo de la felicidad, ese estadio donde el sentimiento te embarga y crees que no puede haber algo mejor en el mundo... cuando ella está ahí, algo sucede. Se evidencia su vulnerabilidad y cae en una especie de vacío que, gracias a sus amigas y sólo a ellas, pudo superar.

En las críticas que he escuchado y leído muchos condenan el hecho de que (para algunos) tal relato cinematográfico entra dentro de lo que los estadounidenses conocen como "chick flick". Sin embargo, este servidor considera que el desenlace fue idóneo y fiel a lo que debía suceder, es decir, quedar con el amor de tu vida, ese mismo por el que luchaste por 10 años, 10 "fucking" años (como diría Samantha).

Además, cada personaje permanece fiel a su esencia. Miranda, la escéptica; Charlotte, la esperanzada y Samantha, la hedonista. De haber visto en la película algo como: Miranda teniendo una segunda boda para renovar sus votos por el amor que sentía hacia Steve, Charlotte metiéndose a meretriz y odiando al sexo masculino y a una Samantha sin ningún conflicto interno y entregándose de lleno a un amante único, sin dudarlo habría lanzado una silla a mi TV. Afortunadamente, no fue así.

Cabe destacar que, para aquellos que han sufrido por amor (¿alguien levanta la mano?), la película viene con una enorme carga reflexiva, cargada de situaciones y frases que te hacen pensar, en especial por todo el proceso que implica la estabilidad, pérdida y el utópico "vivieron felices...". No conozco el primero de estos casos, me resultan ajenos, no he visto ninguno de estos finales, sin embargo eso no quiere decir que me emocione por la felicidad ajena, aunque sea ficticia, deseando en el lugar más recóndito hacerla mía, que sea propia y no tan lejana.

Para aquellos que aún no la han visto la recomiendo bastante, pues es propia para todo fanático de la misma... y los que no les gusta el género y piensan que no les agradará tal cosa, igual vayan, es una experiencia hasta para el más "grinch" en cuestiones amorosas.

Para finalizar este post, lo haré con una frase de mi adorada Charlotte: "He sido feliz todos los días de mi vida... no a cada instante, pero sí todos los días".


Tokio


Wild thang 3/3 (...because now I'm from the guetta ^^)


Luego de ese beso tuve una revolución dentro de mi. No era confusión, no estaba olvidando a Cer*, no, al contrario. Más bien era una mezcla de neurotransmisores. Sí, era eso. un cocktail mortal. En ese instante sonó mi celular... era Cer*. ¿Casualidad?

Tuve que apartarme para contestar. Me preguntó dónde andaba y le dije que estaba con mi crew. No comentó mucho al respecto, sólo me preguntó si podíamos almorzar y dije que le escribiría, pues andaba con los muchachos. Manifestó que esperaría entonces, seguido de un "bye amor".

No era necesario decir mucho, si me había apartado era porque la conversación no era apropiada para otros oídos. Se notó eso. El resto de los chicos estaba absorto en su mundo, dejándose llevar por los excesos y las sensaciones. Aro y GnF* estaban en el jacuzzi. Por los movimientos y la actitud juraría que estaban teniendo sexo... con ropa interior. Amy Lohan y Lindsay Winehouse se encontraban en lo suyo, provocando al booty-call de Maquiavelic D*, mientras esta última las veía con cara de: "les voy a entrar a coñazos... a ambas dos".

En cierto punto el ambiente se tornó extraño. Como que todos querían con todos. No es que no me gusten las orgías o no haya participado en alguna (cuento que algún día echaré)... pero bueno... hahaha. L* sugirió que nadáramos un rato para estabilizarnos de tanto alcohol. Ambos nos quitamos nuestras prendas y quedamos en ropa interior. Mala idea.

Nadamos y jugamos en el agua en cierta onda: "somos machos, pero me gustas... y si te resbalas"... hahaha. Tiempo después empecé a necesitar un cambio de ambiente, además, mi vida no puede basarse en esta clase de actividades destructivas, no estoy acostumbrado. Alimentar a Pancho (mi perro) fue la excusa perfecta para irme a casa. Maquiavelic D* y J* se quedaron, mientras llevé a L* hasta su casa, intercambiamos números y luego me fui a mi hogar.

Después de darle de comer a Pancho y tomar un baño me dispuse a descansar un rato, rebobinando todas las escenas de horas previas. Le escribí a Cer* para saber qué hacía y si quería salir conmigo. Al parecer estaba molesto pues dijo que se encontraba sumamente ocupado, que luego me escribía, en una onda de: "te hago lo mismo que me hiciste". Qué mal... por ti.

A las 6:00 PM me levanté para constatar que tenía 8 mensajes de texto y 3 mensajes de voz. Dios. Los mensajes de texto eran, en su mayoría, de mi crew pidiendo mi reporte, querían saber si había fallecido en mi hogar o si quería seguir "rumbeando" con ellos. Me dispuse a ver TV un rato... largo rato. Se hicieron los 9 PM, L* escribe a mi celular: "¿Cómo estás bello?... ¿Será que esta noche te veo?". Le dije que sí, que pensaba salir. Invoqué a los muchachos (antiguos espíritus del mal, hahaha) y fueron apareciendo, a cuenta gotas. Quedamos de vernos en Discovery.

Ya en el sitio, todo estaba bien. La gente, y el ambiente estaban de lo mejor. Mi crew apareció con dos de los chicos de la noche anterior (Jak y Aro), personajes que como ahora eran "íntimos" querían salir con nosotros. Minutos más tarde apareció L*. La diversión no se hizo esperar y por los sucesos interesantes sólo había que esperar. En cierto punto ya todo el mundo estaba sumamente ebrio... y sólo eran poco más de las 2 AM. Horrible eso.

Hasta ese momento L* no había conversado mucho conmigo, se estaba moviendo, hablando con la gente, pululando por ahí, mientras yo, debido al alcohol, quería otro beso. Demonios. Siempre que tomo me pongo "horny", hahaha.

Eran poco más de las 4 y el ambiente se parecía al video I'm slave 4 u de Britney. Creo que con eso no necesito explicar cómo estaba todo. En cierto punto estaba bailando con Maquiavelic D* y Jak. La niña se acercó y me besó... Jak hizo lo mismo. Menudo espectáculo. Algunas personas voltearon y empezaron a comentar, otros se echaron a reir y el resto sólo levantó las manos, aupando y aplaudiendo. Ya éramos el centro de atención... y estábamos ebrios hasta la médula.

A las 5:34 Am me dispuse a irme a casa, los chicos vinieron conmigo. J* se notaba algo molesto, pues supuestamente yo le estaba le estaba "soplando en bistec". "Lo siento amigo, y deja la malcriadez. Todo el mundo estaba ebrio y sin mucho control sobre sus actos... además, el niño fue quien inició el beso, si a alguien has de reclamarle es a él". Maquiavelic D* intervino diciendo que aquello era cierto y J* se calmó. Asunto olvidado, al parecer.

Me encontraba en mi plácido sueño en casa cuando, pasadas las 2 PM, recibí una invitación para ir a casa de Jak. Sinceramente no quería ir, por lo cual me haría el "desaparecido" y no respondería tal misiva. Acto seguido llegó otro mensaje diciendo: "L* dijo que venía... si te interesa saberlo". Esa clase de chantaje no vale. Tomé mi traje de baño (uno de los brasileros), una toalla, el resto de mis implementos y salí de casa.

Al llegar a mi destino en el sitio, en efecto, estaba L*. El ambiente era mucho más relajado, entretenido y divertido, lo notaba más íntimo. Todos reímos mucho, pero estaba un poco tensa la cosa, supongo que J* estaba resentido por lo de la madrugada y el resto de los niños estaban esperando a ver "qué sucedía". El torrente de alcohol continuó sin detenerse, hasta el punto en que L* se quedó dormido como por 40 minutos en mi regazo.

Eran ya las 10 PM cuando decidí retirarme a mi hogar. Llevé a Maquiavelic D* y a J* a su casa y luego a L*. Creo que le desconcertó un poco el hecho de que lo despidiera con un apretón de manos. Ya bastantes cosas habían sucedido en los días anteriores, pensé. Una vez en casa, me tiré en la cama hasta la mañana suguiente.

Mi rutina del lunes empezó igual que siempre, sólo que estaban incluídos un analgésico para el dolor de cabeza, una taza grande de café negro y un par de lentes oscuros enormes, además de muchos recuerdos de aquel fin de semana. Como le dije aluna vez a alguien que estimo mucho: "Old habits die hard"... Ah, y ese lunes en la mañana, pasadas un poco más de las 10, recibí un mensaje de L* que decía lo siguiente: "Espero verte pronto... en otras circunstancias... en todas las circunstancias". Sin comentarios.


Tokio


P.S:
si se preguntan por qué "now I'm from de guetta", es porque cuando estoy sumamente alcoholizado utilizo el "slang" del Bronx. Hahaha.


jueves 3 de julio de 2008

Wild thang 2/3 (...because now I'm from the guetta ^^)

En aquel momento álgido nos disponíamos a salir de Aeon. Aro, Mik y Jak salieron con las chicas con las que estaban, J* salió con Maquiavelic D* y L* andaba conmigo. "¿A dónde van?, ¿no me digan que a sus casas?", preguntó L*; "No vale, nadie se va su casa... creo que vamos a Melao", respondí con una sonrisa. Para colmo rematé con el letal: "¿vienes?". Su respuesta fue sublime: "Seguro vale, nos vemos allá".

Una vez en el auto, Maquiavelic D*, J* y yo comentábamos lo que había acontecido hasta ahora. Las risas estallaron en todo el vehículo. Además, J* quería cuadrar con Jak, el más lindo (debo admitirlo), pero el más odioso también.

Llegamos a Melao y ya los niños estaban ahí con sus princesas pero L* no había aparecido aún. Entramos al local, eran como las 2 de la mañana. El ambiente estaba bastante movido, muchas personas bailando y gente linda. Pedimos dos servicios y como a los 5 minutos de tener un trago en la mano apareció el modelito. El niño se había ido a cambiar de camisa a su casa. Hahaha. ¿Qué tal?

La conversación siguió en el local pero las movidas ya estaban un poco raras, ya los niños no estaban algo esquivos con las chicas con las que andaban, tanto así que una de ellas estaba manifestando que quería irse. Sus amigas la convencían de que esperara un rato. Mientras, Maquiavelic D* estaba en su elemento, bailando con un tipo, a los 10 minutos con otro y así. J* campañeaba un trago mientras esperaba que la noche le deparara algo bueno y GnF* estaba más rápido que un águila.

Las actitudes de cada uno de los presentes se mantuvo estable hasta las 4 AM, pasada esa hora todo el mundo se volvió como loco, tuve la impresión de que habían esparcido burundanga en el aire. Lo juro. Los niños estaban en una movida extraña e iban a llevar a las chicas a sus casas. Maquiavelic D* se estaba besando con alguien (mucho después supe su nombre) y J* ya había establecido contacto con Jak, el objeto de su tormento.

Hubo un momento de cierta calma. Hablé con L* por muchísimo rato. Maquiavelic D* interrumpia su sesión de besos con aquel muchacho (T*) para bailar con ambos (L* y yo, por separado). En cierto instante GnF* me dice que Aro le escribió diciendo que venían para acá a buscarnos para ir a otro sitio mucho mejor. ¿Perdón? ¿En qué momento estos habían intercambiado números?

Eran ya las 5 AM cuando aparecieron los chicos, Jak hizo una invitación abierta a todos los presentes para ir hasta su casa. Vaya, qué bien. Así Maquiavelic D* y su booty-call, L*, J*, GnF* y yo nos fuimos con aquellos tres infantes al hogar de uno de ellos. En un momento de incertidumbre tuve que preguntarle a GnF* cómo era eso de que íbamos a una casa de alguien que, escasamente, tenía 18 años. "Ahhh, es que sus papás están de viaje", contestó GnF*. Obvio, pregunta tonta.

La casa de Jak está muy bien ubicada, además, posee todas las comodidades para que un grupo con tendencia a la autodestrucción como el nuestro cumpliera con gusto toda su labor. Piscina, parrilla, jacuzzi, amplio espacio y muchas cosas para comer y beber. Una vez dentro de aquel hogar L* se sintió un poco incómodo y se había quedado en el recibidor de la casa, al ver su actitud Aro intervino diciendo: "No te preocupes pana, lo que aquí pasa, aquí se queda".

Maquiavelic D* estaba en una de las sillas de la piscina conversando con T*, Aro se había concentrado en GnF* y, para mi sorpresa, al mirar por el pasillo Jak venía con J* agarrado de la mano. Ambos sonrieron y subieron al área superior, donde estaban las habitaciones. ¡Ese es mi muchacho!... Crecen tan rápido, snif, snif... hahaha. No los volví a ver por un largo rato.

L* y yo conversábamos amenamente cuando sonó el timbre. Menuda situación, quién llegaría a esa hora. Mi mente voló y supuse que serían los padres de Jak y nos correrían de aquel sitio. Pues no. Mik abrió la puerta y eran dos chicas y dos chicos contemporáneos con Aro y sus amigos. Pero esas niñas tenían el aspecto de Amy Winehouse y Lindsay Lohan... ¡JUNTAS! Imagínense eso. En fin, aquel amanecer ya prometía ser todo un espectáculo... lástima que sólo cargaba la cámara de mi móbil, ooopppsss.

Al ver el relog me percaté que eran las 9 de la mañana del sábado. El tiempo había pasado volando. En ese instante Jak y J* bajaron del piso superior, ambos con cara de sádicos domados, ruborizados y felices. Qué cosas, hahaha. En ese instante las cosas se empezaron a mover, mientras Amy y Lindsay (así les puse de cariño a las niñas que nos visitaban) bailaban en traje de baño en la piscina.

Desde hace ya varias horas le estaba dedicando mucho tiempo a L*, cosa que por razones (obvias) se empezó a notar en todo el grupo. Hubo cierto momento donde reinó el silencio entre los dos y, al vernos, nos besamos. Menuda situación. Nadie nos vio (en ese instante todos estaban en el patio), pero me sentí culpable. Le estaba faltando a Cer*, pero, digo, no todos los días tienes la oportunidad de que suceda algo con semejante prospecto, además, eso no pasaría de ahí. Lo peor del caso es que el chico besa rico, hahaha.

Muchas cosas sucedieron posteriormente... ¿quieres saber cuáles son? No te pierdas la tercera entrega.


Tokio