Una vez listos y arreglados había llegado la hora de salir. Esto de tener citas y ser caballero de compañía High Class estaba derivando en fuertes dividendos. Brut* y yo nos dirigimos a una de las zonas más pudientes de Tokio: Roppongi. Ahí decidimos entrar a varios locales pequeños donde pudimos conversar largo y tendido de cosas varias... digo, porque dentro de todo lo buen conversador que puedo ser encima el "trabajo" lo ameritaba.
Pasadas las 12 de la noche decidimos "ensuciar" un poco la ciudad (hahaha), salimos de aquel bar (cuyo nombre no recuerdo... ya tenía dos botellas de vino encima) y empezamos a besarnos y tocarnos por cuando rincón conseguíamos, él desabrochaba mi pantalón, yo el suyo y así íbamos, amantes furtivos por las calles de Tokio. Él estaba tan HORNY que propuso devolvernos al hotel... o, en su defecto, tener sexo en uno de los tantos rincones oscuros que la ciudad ofrece, pero yo quería seguir de fiesta... digo, era mi última noche en Tokio.
Abordamos el taxi de un chico bastante joven, mismo que no se inmutó ante nuestras demostraciones perversas de afecto... si me preguntan creo que hasta lo estaba disfrutando. Su sonrisa picarezca lo delataba, haciendo que la experiencia sobre ruedas fuera más que deliciosa. Llegamos a un club cercano a Ginza con una entrada bastante solitaria, de hecho, todo el entorno lo estaba... de no ser por una pequeña placa de metal plateado con una inscripción en japonés y la letra Q pensaría que aquello era un centro ilegal de apuestas.
Bajamos las escaleras, no podía ver bien a causa de las luces rojas que titilaban, mismas que dejaban ver sombras de vez en cuando, cuerpos moviéndose de manera rápida, asumo. Al final de un pasillo había un portero, mismo que cuando vio a Brut*subió y bajó la cabeza de manera rápida, como diciendo: "What's up?"... acto seguido abrió la puerta.
Resultaba ser que aquello, lejos ser un centro ilegal de apuestas, era todo lo contrario: un súper club privado. No vale la pena desbribir la decoración, era sumamente alucinante, con toques clásicos en ciertas partes pero a la vez muy modernos. Mucho blanco, plata, dorado, púrpura, naranja... colores varios. La gente preciosa, el dueño precioso... todos preciosos... y sí, era un club privado gay.
En aquel recinto donde las miradas están prohibidas y los teléfonos celulares también (porque no se permiten cámaras de ningún tipo) se alternaba lo mejor de la sociedad tokiota y sus alrededores. Artistas de cine y televisión, modelos y socialité varios, todos regados a lo largo del local. Brut* (que había demostrado ser asiduo al local) me indicaba quiénes eran los asistentes, nombres que se esfumaban entre el ruido y lo difícil de la pronunciación... además, la comprensión de un idioma extranjero se reduce cuando tienes muchísimos tragos encima.
Eran poco más de las 3 cuando el ambiente se empezó a tornar algo extraño, pero sumamente familiar: ambiente de sexo. Miradas lascivas, furtivas, transgresoras, porno. En ese momento pusieron música suave, tipo Chill Out, los besos de algunos de los asistentes aderezaron aquel ambiente de manera picante y fogosa, cosa que no me extrañaba en lo absoluto, pues desde que entré al local había gente besándose. Sin embargo, cuando noté que varios se despojaron de sus camisas y algunos de sus pantalones y/o prendas varias mi nivel de sorpresa aumentó.
Sí, estaba en medio de lo que se conoce como una Fuck Party. La ecuación es simple: juntas muchas personas bellas en un mismo local de sexualidad abierta, muchos tragos, música (e incluso drogas) y... cualquier cosa puede suceder. Lo admito, me congelé por un momento. No supe cómo reaccionar, digo, soy del tipo de personas que me programo rápido, pero cuando me dan toda la información completa, es decir, de haberme dicho que aquello se iba a tornar en una Fuck Party, bien, pero sorpresas de este tipo no resultan muy agradables, por mucha gente bella que habite en un local.
Intenté refugiarme en el baño, sin embargo, en aquel espacio también había acción (y de la buena). Gemidos por todos lados, sudor, caricias y extremidades varias levitando y danzando por todo el local. No sé si fue por haber tomado tanto, pero tuve que salir de aquel recinto. Una vez afuera, practicamente solo, me puse a ver a las pocas personas que caminaban por la calle agarradas de la mano o conversando de manera amena y sentí algo de nostalgia, bien sea de aquello que no tenía o me hacía falta. No lo sé con precisión. Pasados pocos minutos Brut* salió, se sentó a mi lado y posó su cabeza sobre mi hombro... así estuvimos por un buen rato hasta que decidimos marcharnos.
Camino al hotel el sol empezaba a salir, el sexo había quedado cancelado por alguna razón. No dijimos mucho, simplemente nos acostamos a dormir un rato, abrazados. Supongo que había sido suficiente todo lo acurrido horas antes.
Me despertó un beso muy tierno de Brut*, recordándome que debía abordar el avión. Horror. Tuve que volar practicamente por toda la habitación, arreglando mis cosas y organizando todo. Entré en la página de mi banco para verificar y, efectivamente, la transferencia de mi madre ya se había hecho efectiva. Suspiro hondo. Acto seguido me dirigía con Brut* al aeropuerto.
Una vez allí me dispuse a hacer lo que no había hecho en todo el viaje: comprar regalos. Pensé en tomar parte del dinero que había ganado para tal fin, sin embargo Brut* pagó todo, obsequios para amigos, mis hermanas y madre. Cuando llegó la hora de partir mi contratante manifestó que le gustaría mucho volverme a ver y que se había sentido sumamente a gusto conmigo. Por mi parte, le hice saber lo mismo. Sin decir mucho, pues en aquel momento sobraban las palabras. Acto seguido intercambiamos números, direcciones de correo y todo nexo que permitiera mantener contacto, tomé mi iPod, lo saludé por última vez y abordé el avión rumbo a París, para luego retornar a casa.
Tokio
Pasadas las 12 de la noche decidimos "ensuciar" un poco la ciudad (hahaha), salimos de aquel bar (cuyo nombre no recuerdo... ya tenía dos botellas de vino encima) y empezamos a besarnos y tocarnos por cuando rincón conseguíamos, él desabrochaba mi pantalón, yo el suyo y así íbamos, amantes furtivos por las calles de Tokio. Él estaba tan HORNY que propuso devolvernos al hotel... o, en su defecto, tener sexo en uno de los tantos rincones oscuros que la ciudad ofrece, pero yo quería seguir de fiesta... digo, era mi última noche en Tokio.
Abordamos el taxi de un chico bastante joven, mismo que no se inmutó ante nuestras demostraciones perversas de afecto... si me preguntan creo que hasta lo estaba disfrutando. Su sonrisa picarezca lo delataba, haciendo que la experiencia sobre ruedas fuera más que deliciosa. Llegamos a un club cercano a Ginza con una entrada bastante solitaria, de hecho, todo el entorno lo estaba... de no ser por una pequeña placa de metal plateado con una inscripción en japonés y la letra Q pensaría que aquello era un centro ilegal de apuestas.
Bajamos las escaleras, no podía ver bien a causa de las luces rojas que titilaban, mismas que dejaban ver sombras de vez en cuando, cuerpos moviéndose de manera rápida, asumo. Al final de un pasillo había un portero, mismo que cuando vio a Brut*subió y bajó la cabeza de manera rápida, como diciendo: "What's up?"... acto seguido abrió la puerta.
Resultaba ser que aquello, lejos ser un centro ilegal de apuestas, era todo lo contrario: un súper club privado. No vale la pena desbribir la decoración, era sumamente alucinante, con toques clásicos en ciertas partes pero a la vez muy modernos. Mucho blanco, plata, dorado, púrpura, naranja... colores varios. La gente preciosa, el dueño precioso... todos preciosos... y sí, era un club privado gay.
En aquel recinto donde las miradas están prohibidas y los teléfonos celulares también (porque no se permiten cámaras de ningún tipo) se alternaba lo mejor de la sociedad tokiota y sus alrededores. Artistas de cine y televisión, modelos y socialité varios, todos regados a lo largo del local. Brut* (que había demostrado ser asiduo al local) me indicaba quiénes eran los asistentes, nombres que se esfumaban entre el ruido y lo difícil de la pronunciación... además, la comprensión de un idioma extranjero se reduce cuando tienes muchísimos tragos encima.
Eran poco más de las 3 cuando el ambiente se empezó a tornar algo extraño, pero sumamente familiar: ambiente de sexo. Miradas lascivas, furtivas, transgresoras, porno. En ese momento pusieron música suave, tipo Chill Out, los besos de algunos de los asistentes aderezaron aquel ambiente de manera picante y fogosa, cosa que no me extrañaba en lo absoluto, pues desde que entré al local había gente besándose. Sin embargo, cuando noté que varios se despojaron de sus camisas y algunos de sus pantalones y/o prendas varias mi nivel de sorpresa aumentó.
Sí, estaba en medio de lo que se conoce como una Fuck Party. La ecuación es simple: juntas muchas personas bellas en un mismo local de sexualidad abierta, muchos tragos, música (e incluso drogas) y... cualquier cosa puede suceder. Lo admito, me congelé por un momento. No supe cómo reaccionar, digo, soy del tipo de personas que me programo rápido, pero cuando me dan toda la información completa, es decir, de haberme dicho que aquello se iba a tornar en una Fuck Party, bien, pero sorpresas de este tipo no resultan muy agradables, por mucha gente bella que habite en un local.
Intenté refugiarme en el baño, sin embargo, en aquel espacio también había acción (y de la buena). Gemidos por todos lados, sudor, caricias y extremidades varias levitando y danzando por todo el local. No sé si fue por haber tomado tanto, pero tuve que salir de aquel recinto. Una vez afuera, practicamente solo, me puse a ver a las pocas personas que caminaban por la calle agarradas de la mano o conversando de manera amena y sentí algo de nostalgia, bien sea de aquello que no tenía o me hacía falta. No lo sé con precisión. Pasados pocos minutos Brut* salió, se sentó a mi lado y posó su cabeza sobre mi hombro... así estuvimos por un buen rato hasta que decidimos marcharnos.
Camino al hotel el sol empezaba a salir, el sexo había quedado cancelado por alguna razón. No dijimos mucho, simplemente nos acostamos a dormir un rato, abrazados. Supongo que había sido suficiente todo lo acurrido horas antes.
Me despertó un beso muy tierno de Brut*, recordándome que debía abordar el avión. Horror. Tuve que volar practicamente por toda la habitación, arreglando mis cosas y organizando todo. Entré en la página de mi banco para verificar y, efectivamente, la transferencia de mi madre ya se había hecho efectiva. Suspiro hondo. Acto seguido me dirigía con Brut* al aeropuerto.
Una vez allí me dispuse a hacer lo que no había hecho en todo el viaje: comprar regalos. Pensé en tomar parte del dinero que había ganado para tal fin, sin embargo Brut* pagó todo, obsequios para amigos, mis hermanas y madre. Cuando llegó la hora de partir mi contratante manifestó que le gustaría mucho volverme a ver y que se había sentido sumamente a gusto conmigo. Por mi parte, le hice saber lo mismo. Sin decir mucho, pues en aquel momento sobraban las palabras. Acto seguido intercambiamos números, direcciones de correo y todo nexo que permitiera mantener contacto, tomé mi iPod, lo saludé por última vez y abordé el avión rumbo a París, para luego retornar a casa.
Tokio

4 Han visitado Tokio:
Impresionante, excelente... Y me puedo imaginar la sorpresa que viviste, supongo que esas fuck party han de ser como las de los videos... Al final el viaje fue toda una aventura digna de un mochilero... Saludos!
speechless. haha
welcome back!
RR
cerrando comn broche de oro (L)
no no me encanto tu viaje a Tokio
PS: Deberias viajar más a menudo me parece!
Saludos :)
Ah pues menos mal que no te ibas a tardar mucho. Tú sabes lo que es entrar todos los días para ver el final del episodio más largo???? (te lo perdoné cuando lo leí hihihi).
Aunque me pareció como apurado, me ha gustado... Lo he disfrutado hahaha... vaya que si! Has pensado quién podría ser tú si ésto se llegase a convertir en una especie de James Bond?
hehehe...
XO
Luchi*cha
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