lunes 21 de julio de 2008

El día que Tokio conoció a Tokio (encuentro de titanes)

Episodio 3: El caballero


No recuerdo cuántas cuadras caminé, sólo sé que fueron muchas. Estuve en el parque Ueno por unos minutos, pensando en lo que sería mi suerte, intentando vislumbrar todo aquello, lo que debía hacer y las posibilidades que tenía dentro de aquel predicamento. Arriesgando, tomé el metro en Ayase hasta Iidabashi, una zona bastante concurrida en la que podría buscar un sitio donde pasar la noche.

La búsqueda resultó más intensa de lo que pensé, muchos hoteles pequeños y albergues estaban totalmente copados. A punto de empezar a llorar, en Kojimachi, encontré uno de los famosos "hoteles capsula". Es una de las experiencias más horribles que he tenido en mi vida. Sentía que no podía respirar y confieso que en realidad sólo puse descansar mientras miraba al techo (que estaba a 20 centímetros de mi rostro), ¿dormir? en lo absoluto.

Al día siguiente realicé una llamada a mi madre, otra vez, para estar al tanto de mi destino. La transferencia a mi cuenta tardaría un poco más de lo esperado. Ahí, en Tokio, totalmente solo y con unos pocos dólares en mi bolsillo, hice lo que cualquier muchacho con una cámara digital, poco sentido común y buen cuerpo haría: hacer las veces de "caballero de compañía".

Afortunadamente, mi perfil en Gay.com había estado activo desde hace muchos años. ¿La locación de tal sesión? El baño de un Mc Donald's. Después de haber tomado las fotos respectivas y una vez colgadas, sólo hizo falta entrar a la sala de Tokio y esperar un poco. Algo más de 30 minutos más tarde ya tenía mi primer "cliente", un ruso que se encontraba en la ciudad por negocios.

A las 7 de la noche era el encuentro con el mencionado señor. Sólo conocía un poco de su aspecto (debido a las fotos) y sabía que tenía 37 años. Hice mi mejor esfuerzo para lucir como de "un millón de dólares" dentro de toda aquella situación. Llegada la hora, en la Laguna Shinobazu, Brut* hizo su aparición. Debo confesar que se veía mejor en persona.

Dentro de lo especificado, dejé bien claro que el encuentro debía ser especie cita, es decir, tenía que incluir cena, paseo y después, dejar que la noche nos llevara (I'm smart or what?). Luego de la cena, un paseo agradable y dos botellas de Sake, nos encontrábamos en el hotel New Otani teniendo sexo salvaje y duro, sudando a más no poder... Debo acotar que el encuentro superó mis expectativas, hahaha.

Despertar en aquella habitación fue una de las mejores cosas que me había sucedido a lo largo de mi estadía en aquella ciudad, sin mencionar que tuve buen sexo y encima me pagaron por ello. Brut* amaneció sonriente, ligero (hahaha), sin mencionar que se comportó sumamente agradable, dulce y fue extremadamente gracioso. Eran las 8 de la mañana cuando supuse que era el momento de partir, mientras tomaba una ducha el señor en cuestión decidió que era mejor ahorrar agua (hahaha) y durante una agradable sesión de juegos en el baño (cortesía de la casa), me preguntó si quería pasar la noche con él otra vez. Pensé que era lo mejor, además, no la estaba pasando mal.

Brut* se fue a trabajar, me pagó e incluso me dio algo "extra" para que saliera a recorrer la ciudad por mi cuenta (aquí es donde mi historia se asemeja a "Mujer Bonita", hahaha). Al salir del hotel supuse que sería conveniente que, ahora que tenía dinero, debía hacer lo que no había podido hacer el resto de los días. Decidí salir del centro y tomar el metro hasta Ueno, mismo que me permitiría llegar a lo que, a mi parecer, es el paraíso de toda persona que guste de la tecnología: Akihabara. Los precios no son sumamente económicos, pero lo bueno es que algo que no es "lo más nuevo" acá parecería sacado de Los Supersónicos.

La ruta obligada estuvo marcada por la Universidad de Tokio (alucinante), el Jardín Okuma, el mercado de pescado (no sé por qué lo visité, pero bueno, lo hice, hahaha) y la Torre de Tokio. Posteriormente me dirigí a lo que vendría a ser el "paraíso fashionista": Harajuku. Me quedé en la estación de Shinjuku y caminé todo ese pedazo. Pensé que era algo más... grande, pero es una calle donde varios jóvenes se agrupan después de clases a "ver pasar el tiempo". Aquí tuve contacto con las niñas de mis sueños: las colegialas japonesas. Con sus faldas cortas, mirada "inocente" y el característico uniforme escolar. Lo más.

Sin darme cuenta, el tiempo pasó volando. Debía regresar al hotel, pues quería que Brut* me encontrase listo y dispuesto para otra cita. De nuevo al centro en hora pico (6 PM)... mala idea. Una hora y media más tarde llegué a mi destino, Brut* ya había llegado y se encontraba esperándome. Luego de otra ducha acompañado (esta sí estaba incluída en la cuenta, hahaha) estábamos listos para salir de nuevo.

Continuará...


Tokio

P.S: la última entrega no tardará tanto. Kiss*

3 Han visitado Tokio:

Luchi*cha dijo...

El sexo definitivamente vende. Eres mi Gisele y la pasó de mil cuando tus historias son spicies!!!!

Fue tu momento Belle -Hannah en El diario de una Prostituta- Hahahaha... y bueno, si Dios nos da algo hay que aprovecharlo for good!

¿Hace cuánto fue eso?, ¿Ni una fotito de las Harajuku to me que soy tu harajuku? *.*

PS: Sí, gracias por NO hacernos esperar.

Luchi*cha

Juaи + dijo...

:O
Me encanto!
(debo decir que ya quiero la 4ta parte)

Siempre he pensado que se un "caballero de compañia" daria dinero, leyendo esto te imagine sentado en un talk show llorando y contando tu historia de como habias empezado en el negocio y no habias podido parar!

Saludos!

El mercado del pescado? (What was on your mind)
jajaja

Sandum dijo...

Vuelta de tuerca!!!! Cuando los lectores (bueno no generalizo, cuando yo mejor) pensabamos que venía algo sorpresivo ¡Zas! Impresionante... Sueño con ser así de valiente, pero... No sé, como que en esta vida no sera... Saludos!