Episodio 1: ¿Qué es esto?
Antes de salir del país el viaje vaticinaba ser toda una aventura traicionera, filas interminables, rezar porque me tocara un compañero de viaje amable y medianamente buceable, que la aeromosa no fuera una perra, en fin, las reglas de costumbre. Al abordar me daría cuenta del peor error que puede cometer un viajero: Había olvidado cargar el iPod. A los 20 minutos de encenderlo el aparato pasó a mejor vida. Mi único consuelo serían un Rivotril y un Valium. A dormir hasta París.
Llegada a París. El vuelo a Tokio tiene dos horas de retraso. Tengo frió, sed, hambre, sueño, letargo, ganas de ir al baño y ya sufro la descompensación por el cambio de hora y clima. ¡Demonios!, soy un conejo del trópico. Avisto un ejemplar a las 3 y 15, alto, blanco como el papel, parece alemán, pero tiene pinta de bolsa. No, debe ser holandés, de por allá abajo. Uy... ¿Y ese quién es? Rayos, lo espanté con mi mirada de sueño. Rastreo un Nescafé hasta que lo consigo, igual no me quita el frío, pero estoy más despierto. El avión llega, todos aborden por la puerta
El aeropuerto de Narita es un lugar intrincado. Pensé que Barajas era una estación grande, pero no, una vez más estaba equivocado, aquello parecía una central de hormigas, todos marchando con destino prefijado. Y ahí estaba yo, disimulando el poema en mi rostro al ver todos aquellos símbolos ininteligibles. Sólo identificada algunos caracteres, los dibujos universales para el baño y el restaurante (en la planta baja). En eso escucho una voz celestial: "Hola chico, ¿necesitáis ayuda?". Mis vecinos de vuelo se habían ofrecido a ayudarme, Dios los bendiga y el otro (ustedes-saben-quién) permita que se acerquen más.
La distancia del aeropuerto a la ciudad como tal no es tan larga, pero sí tumultuosa. Pensaba que el tráfico de Caracas era espantoso, pues no, mi comparación con todo país en vías de desarrollo resultaría infructuosa al tratar de explicar los fenómenos sociales que presenciaría. "¿Es la primera vez que vienes a Japón?", pregunta Pablo (nombre para efectos de este relato), el más joven del dueto. "¿Se nota?" -respondo irónicamente- "Pues un poco tío, pero no os preocupéis, que aquí perderse es divino, no sabéis lo que puedes encontrar". Esa frase quedaría en mi cabeza y sería la firma de aquella experiencia.
"¿Y dónde te quedas?" preguntó Omar - el señor de la dupla- "Voy a buscar donde quedarme, vine de mochilero", contesté sin mayor reparo. "¡Anda!, pero mejor te suicidáis de una vez, aquí conseguir hospedaje es infernal. Venga, si quieres puedes venirte y te quedas donde nosotros, no creo que haya problema", intervino Pablo. El tráfico infernal no nos permitió avanzar más, por lo que había que caminar hasta nuestro destino. Bajamos del taxi y nos enrumbamos hacia Meguro, específicamente a Shinato-Ku, fueron las diez cuadras más emocionantes de toda mi vida, la fusión entre los elementos antiguos y lo nuevo, los olores... hasta la basura es diferente. Eso sí, los rostros parecen ser en serie, tipo fotocopia, excepto por los turistas.
Llegué con mis acompañantes a un edificio donde se encontraba nuestro anfitrión, Akira, personaje algo arrogante de rasgos mestizos (y con gustos excéntricos). No vio con buenos ojos el que sus amigos llegaran con alguien extraño, tampoco resultó ser muy hospitalario, sin embargo pude quedarme al menos por tres días (de los seis que duró mi estadía en Tokio). Una vez arreglado el pequeño problema de dónde pasar la noche, que comience el juego señores.
Tokio no es como Tokio
Aquella ciudad de hermosos contrastes, anime, manga, obsesión por lo perfecto y tecnología desmesurada (aquí sí no puedo quejarme) se derrumbaría ante mis ojos por un pequeño gran detalle: el racismo. Sí, el Tokio de Lost in Translation es más falso que un billete de 250 Bs.F, gran número de los japoneses son eminentemente racistas, sin reparo alguno, cosa que comprobaría con una piedra estampada en mi espalda, numerosas miradas inquisidoras y la palabra Gaijin (algo así como extranjero, pero en tono despectivo). Nada de eso importó, buscaba pasarla bien y vivir al máximo aquella experiencia, aunque los amarillos prefiriesen el amarillo en lugar del blanco bronceado.
En ese primer día la realidad me golpearía de tantas maneras y en diferentes formas que era difícil saber cuál sería el siguiente sortilegio. Lo comprobé cuando quise comprar un Nescafé que al cambio costaba unos 19 Bs.F, ¿Qué? ¿Tanto dinero por algo que consumo en siete sorbos? Resolvería comprar un Red Bull, más caro (25 Bs.F) pero al menos me daba energía. En eso se basaría mi dieta en los próximos días, bebidas energéticas, caramelos, galletas y cosas que pude sacar de las máquinas expendedoras (con un truco que aprendí). En Tokio la comida es astronómicamente cara (de hecho todo lo es), sólo me senté en un restaurante como en siete ocasiones (cinco fueron invitaciones).
Luego de dar ese paseo de reconocimiento regresamos a casa, habiendo avistado algunos lugares e intentando aprender cómo moverme. Si quería desplazarme como lo hacía en Caracas estaba perdido, Tokio me comería vivo y terminaría tirado en alguna plaza pidiendo monedas (estuve muy cerca de llegar hasta ese punto). Una vez bajo techo ajeno me dispuse a tomar un baño rápido (resulta que el agua en el apartamento estaba cronometrada, tenía tres minutos), para mi sorpresa al cerrar la puerta el dueño estaba dentro del baño sin intención alguna de salirse, aquel asiático quería cobrarme la estadía.
Tokio
PS: hoy blogger me detesta ¿Se dieron cuenta?

5 Han visitado Tokio:
... Pero mi reader me ama!!!! jajajajaja...
-0-
En serio que mientras leia esto estaba nervioso, esas aventuras de mochilero me dan panico! Pero bueno me tranquilizaba el hecho de que es una historia y se que estás bien... Al menos aprendere muchas cosas antes de ir a Japón, por que no pienso llegar a los 30 sin haber ido a Akihaibara (se me olvido como se escribia!) Saludos!
¿Sabes qué? Sofía (Coppola) no me entretiene tanto como tus relatos...
Creo que Tokio vale la pena con todo y su Nescafé a 19bs.f, ahora 6 días... Gosh... si que deberé esperar a tener un sugardaddy para que me lo costee, porque me tendré que conformar (mientras) con NYC...
Fotito, fotitos, plzzzz
Y las harajuku girls????? -no me culpes, todo es por Gwen-
XO
Luchi*cha
Bueno, blogger tiene sus días.... Pero creo que no es sólo contigo porque me he metido en varios blogs y las letras son tan pequeñas que apenas puedo leerlos! ¿Qué será?
Tu cuento divertido como siempre, pero yo odio las aventuras donde te dejan... así, "queriendo más" hahahaha
Hurry up con lo próx.
kisses.
necesito la segunda parte, como que YA!!
jajaja
Me encantó este post. Es una lástima que no lo haya leído.
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